Topome conmigo mismo en una mañana ociosa de verano y pregunteme que hay de lo mio. En busca de respuestas me dirigi a mi santo confesor que aconsejome hiciera tragos y abluciones sin medida en la fuente de la virgen de tal nombre. Fuime con fe inquebrantable en pos de soluciones, mis ilusiones hacian a mis pasos ligeros cual gacela pero cual seria mi sorpresa al encontrarme en el trance que os presento. Y dijeme para mi, que mas bien era para terceros: "Coño, tanto milagrito, tanto milagrito ¿y no has sido capaz de potabilizar el agua de tu fuente?. Quedeme sin respuestas y con lo mio. Vida perra.